El dashboard que aplaude y el que incomoda
Hay indicadores que existen para que la reunión salga bien. Se reconocen porque nunca han obligado a cambiar una decisión.
Giancarlo Renato Palomino Huallpa
Quality Engineer · Lima, Perú
Ya escribí sobre qué métricas de QA no dicen nada. Esta es la otra mitad del problema, que es política y no técnica: para quién se construye el tablero.
Una métrica vanidosa no es la que está mal calculada. Es la que está perfectamente calculada para que nadie tenga que hacer nada distinto.
Cómo se reconoce una
Un truco que funciona siempre: busca la última vez que ese número cambió una decisión.
Si el porcentaje de cobertura lleva dos años en el informe mensual y jamás retrasó una salida, ni asignó una persona, ni abrió una conversación incómoda, no es un indicador. Es decoración.
Los síntomas son bastante reconocibles:
Solo sube. Casos automatizados, pruebas ejecutadas, cobertura. Números que por construcción crecen, y crecer se lee como mejorar.
Nadie pregunta por el denominador. «Automatizamos 340 casos» impresiona hasta que alguien pregunta de cuántos, y sobre todo, de cuántos que importen.
Se presentan en verde. Si el tablero lleva un año sin un rojo, o el producto es perfecto o el tablero está mirando hacia otro lado.
Por qué existen, que es lo que casi nadie dice
No aparecen por ignorancia. Aparecen porque cumplen una función.
Cuando a un equipo se le pide velocidad por encima de todo, la calidad necesita justificar que existe. Y la forma más rápida de justificarse es mostrar actividad: mira cuánto hemos hecho.
El problema es que mostrar actividad y mostrar resultado son cosas distintas, y la primera es infinitamente más fácil. Un equipo puede pasarse un trimestre subiendo indicadores mientras la calidad real baja, y el tablero no se entera.
La prueba del algodón: ¿ha cambiado alguna decisión?
Lo que sí incomoda
Un indicador útil tiene una propiedad que lo delata: puede ponerse en rojo por culpa de una decisión que alguien tomó en esa sala.
Los defectos que llegaron a producción se ponen feos cuando se recorta el tiempo de pruebas. El tiempo que la suite pasa en rojo se pone feo cuando se aprueba con el pipeline roto. Esos números incomodan, y por eso informan.
Y sí: por eso mismo cuesta más que los acepten.
Cómo se cambia esto sin perder la reunión
No quitando el tablero de golpe. Lo que me ha funcionado:
Deja los de siempre y añade uno bueno. Sin discurso. Dos o tres meses de tendencia y el número nuevo empieza a hacer preguntas solo.
Ponle al lado la consecuencia. No «doce defectos escapados», sino «doce escapados, de los cuales cuatro llegaron a afectar a clientes». El segundo cambia la conversación.
Y prepárate para el primer rojo. Va a llegar en mal momento y va a señalar una decisión que alguien de la sala tomó. Ese día se decide si la métrica sobrevive o se convierte en decoración como las demás.
El tablero que aplaude se defiende solo, porque a nadie le molesta. Al que incomoda hay que defenderlo, y eso ya es parte del trabajo.